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Economista advierte que tasas de interés altas enfriaron el consumo y la inversión

  • Foto del escritor: Jarmon Noguera González
    Jarmon Noguera González
  • hace 3 horas
  • 3 min de lectura

La política de tasas de interés aplicada por el Banco Central de Costa Rica (BCCR) tuvo efectos no solo sobre la inflación, sino también sobre el tipo de cambio, el consumo y las decisiones de inversión de las empresas, según explicó Marco Otoya, economista de la Universidad Nacional (UNA).


Otoya señaló que la Tasa de Política Monetaria (TPM) es uno de los principales instrumentos con los que cuenta el Banco Central para influir sobre distintas variables de la economía, entre ellas la inflación.


De acuerdo con el economista, la decisión de no reducir la TPM con la misma rapidez con que había sido incrementada cuando la inflación se aceleró produjo una serie de efectos en la economía costarricense.


Uno de ellos fue el atractivo que adquirieron las inversiones en colones debido a las tasas de interés, situación que, según explicó, favoreció la entrada de una importante cantidad de dólares al país.


“Esos dólares presionaron sobre el tipo de cambio al punto de que el colón se revaluó de manera importante”, afirmó Otoya.


Si bien la política monetaria contribuyó a que la inflación regresara hacia los niveles considerados objetivo, posteriormente el indicador cayó a terreno negativo, una situación que, a criterio del economista, también representa un desafío para la economía.


Otoya consideró que, de manera prudente, el Banco Central debió haber iniciado antes el proceso de reducción de la TPM, con el objetivo de favorecer el retorno de la inflación hacia su rango meta.


Para el economista, una inflación anual ubicada aproximadamente entre 2% y 4% puede considerarse adecuada para una economía como la costarricense, porque permite estimular la actividad económica sin representar un costo significativo para los hogares.


El riesgo de una inflación negativa


Uno de los principales problemas de mantener durante un período prolongado una inflación negativa es el impacto que puede generar sobre las expectativas de los agentes económicos.


Otoya explicó que esta situación puede afectar la credibilidad del Banco Central y dificultar las decisiones de las empresas, debido a la incertidumbre sobre el comportamiento futuro de los precios.


“Si yo no tengo certeza cuál va a ser la inflación en los próximos meses o en los próximos años, ¿cómo tomo la decisión de ajustar los precios de los bienes o servicios?”, planteó.


La incertidumbre también puede modificar el comportamiento de los consumidores. Si las personas consideran que los precios continuarán disminuyendo, pueden optar por postergar algunas compras en espera de encontrar precios más bajos.


Según el economista, cuando este comportamiento se prolonga puede contribuir a enfriar la economía, debido a una menor tendencia al consumo.


Tasas más bajas para estimular la economía


Otoya sostuvo que una reducción más rápida de las tasas de interés habría permitido generar mejores condiciones para estimular tanto el consumo como la inversión.


Una TPM más baja tiende a trasladarse hacia otras tasas de interés de la economía, lo que puede abaratar el costo del financiamiento para hogares y empresas. Esto puede favorecer la adquisición de bienes, la expansión de negocios y la ejecución de nuevos proyectos productivos.


El economista destacó particularmente el posible impacto sobre sectores cuya actividad se encuentra relativamente deprimida.


Entre ellos mencionó a la agricultura, la ganadería, el comercio y el transporte, actividades que registran crecimiento, pero que, a su criterio, no avanzan a tasas suficientemente importantes.


“Bajar la tasa de interés de una manera más pronta hubiese permitido que esos sectores a lo mejor incentivaran la inversión de manera más importante y la ocupación aumentara en esos sectores”, señaló.


La discusión, por tanto, no se limita al comportamiento de la inflación. Para Otoya, las decisiones del Banco Central sobre la TPM tienen efectos que se trasladan al resto de la economía y pueden influir en variables como el tipo de cambio, el crédito, el consumo, la inversión y el empleo.


El reto para la autoridad monetaria consiste en encontrar un equilibrio: mantener la estabilidad de precios y, al mismo tiempo, evitar que una política monetaria restrictiva durante demasiado tiempo termine debilitando la actividad económica y retrasando las decisiones de inversión de empresas y hogares.

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